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Entre las costumbres marcadas con un fuerte sello religioso, no podemos olvidar los velorios de angelito, los casamientos, Cuasimodo y el canto de alabanzas.

VELORIO DE ANGELITO


Si bien es cierto que en Empedrado, como en el resto del país ha habido un notable cambio en este ceremonial, es preciso mirar retrospectivamente hasta la década del cuarenta, para conocer este aspecto de nuestra cultura. Al igual que en otros puntos de la zona central, el angelito era vestido de blanco y colocado sentado sobre un altar, adornado de flores y guirnaldas. La pieza donde se hacía la capilla era también adornada prolijamente con ramas de avellano y flores naturales o de papel. Un velorio duraba generalmente dos o tres días y a él asistían las cantoras o cantores del lugar. Estos, al entrar en lacasa del velorio, saludaban a los padres con esta fórmula: “El saludo para Ud. y el verso pal angelito” y pasaba a la capilla a tomar su ubicación.

En cuanto al canto, generalmente en otros puntos de la región se encuentran en décimas. En Empedrado, también existen, pero en escaso número; en cambio abundan las cuartetas. En el caso de las décimas, se encuentran algunas, hechas al estilo tradicional, esto es, con una cuarteta de introducción y otras en que se omite dicha cuarteta. El canto encontrado en cuartetas termina con una despedida, que refleja el deseo del cantor porque el angelito sea dichoso.

En cuanto a la música, se utiliza el ritmo de tonada. La siguiente selección puede dar una idea del concepto sobre la vida terrenal y la eterna, interpretado por nuestros cultores populares.

CASAMIENTOS

El matrimonio religioso ha sido siempre motivo de celebración en nuestro pueblo. Una vez recibida la bendición, los desposados abandonan el pueblo bajo una lluvia de arroz, lanzada por los acompañantes. Hasta hace algunos años, en Empedrado se acostumbraba tirar pétalos de flores, como muestras de buenos deseos de felicidad y prosperidad. Desde el templo, los desposados se dirigen a casa de la novia junto a la “compaña”, a la fiesta. En un matrimonio auténticamente empedradito se acostumbraba hacer disparos durante el trayecto a la casa, o bien, el recibimiento se hacía con salvas de bienvenida. Cuando eran lugares apartados, los vecinos les detenían en el camino para brindarles algunos parabienes y agasajarles con mistelas y roscas. Al llegar a casa eran recibidos por los padres quienes les daban la bendición y luego irrumpían las cantoras con sus parabienes para continuar luego con el festejo entre mistelas y dulces, que hacían la delicia de los invitados. Esta fiesta duraba a veces varios días, entre pavos, terneros o corderos cebados, sacrificados para la ocasión. Y digo varios días, porque terminada la fiesta en casa de la novia, se continuaba en la que ofrecían los padrinos. Total, eran otros tiempos…

Cuando los matrimonios o bautizos eran “sonados”, los contrayentes o los padres de la guagua, en caso de bautizo, pedían al Señor Cura que fuera con repique de campanas, esto es, que echara al vuelo las campanas del templo al terminar la ceremonia.
Ilustraré con una anécdota que me ocurrió en la década del sesenta. Se celebraba en Empedrado un matrimonio cuyos contrayentes eran de Rari. Los novios llegaron temprano, pero el sacerdote que atendía la Parroquia, llegó al atardecer, por problemas imprevistos. Hizo de inmediato la ceremonia y como los recién casados debían irse al campo y era tiempo de invierno, les ofreció ir a dejarlos en su vehículo, ya que suya era la culpa del retraso. El sacerdote hacía poco tiempo que atendía la parroquia, por lo que no conocía el lugar, solicitándome le acompañara. Al llegar a la casa de la novia nos bajamos del jeep y comenzó una balacera como de una guerra. Para qué decir el susto que me llevé, pues se me ocurrió que se había armado una pelea y pensando que al sacerdote, por lo menos lo respetarían, disimuladamente me escondí detrás. Cuando terminó la balacera, levanté la cabeza y no vi ningún herido, ni menos muertos y entonces la cantora irrumpió con un hermoso parabién, terminado el cual, continuaron con los abrazos de recibimiento y bendición por parte de los padres y luego se nos invitó a pasar. Otros familiares con las bandejas de mistela y pasteles. Por supuesto que yo me senté junto a la cantora, quien continuó dando parabienes, versiones que creo son las más hermosas que he escuchado y que nunca tuve la oportunidad de recopilarlas. Al regresar a casa conté lo ocurrido a unas tías, quienes me informaron que esta era la usanza de celebrar los matrimonios en este lugar. Cuando se casó un tío abuelo, me contaron, desde que salieron del templo hasta que llegaron a su casa, en el campo, hicieron el trayecto disparando salvas con carabinas.

CANTO DE ALABANZAS

Otra tradición religiosa, aunque ya desaparecida completamente era el Canto de Alabanzas, al despuntar el día. Toda la familia sentada en sus camas le cantaban. Una persona llevaba la voz, o sea, hacía de solista y el resto contestaba el estribillo. El Canto de Alabanzas contaba de 40 pies (40 cuartetas) y eran interpretadas a capella y terminadas con alguna oración rezada en común. La línea melódica era simple y presenta mucha similitud con los himnos gregorianos.

Las alabanzas tienen por finalidad dar gracias a Dios por el nuevo día y ofrecer las acciones de la nueva jornada. Durante el canto se narra la vida de Cristo, dando énfasis a la pasión.